Centro de Rehabilitación Mental

 “Cristo de la Misericordia”.

 

Huellas heridas costras cicatrices

en los rostros en la piel en las paredes;

en la hincada figura de un ser que reza en silencio:

 

Calienta trópico reluciente mi desnudez postrada sobre el frío del cemento.

Trae a esta celda el murmullo de tus aguas.

Te estoy oyendo inmensidad de secretos nunca descubiertos.

 

Los barrotes de esta cárcel son los rayos del sol.

 

Caliéntame trópico reluciente el pensamiento.

Llévame tan lejos que no pueda escuchar ese disparo

ese chasquido ese tronido de esa cámara oscura.

 

Perdí mis ropas en el camino.

Ya viene por el pasillo mi perro pinto.

Viene para platicar conmigo.